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domingo, 20 de julio de 2014

Necesidades del siglo XXI; un nuevo despertar educativo

En las últimas décadas, las acciones sobre la educación equitativa, la cobertura de la instrucción y la “calidad” de la formación a nivel global han ido en aumento reduciendo los niveles de analfabetismo mundial considerablemente e incrementando el acceso a una educación básica. Se ha hecho presente la creciente conciencia sobre la importancia del ser educado y el respeto al derecho fundamental que es el recibir enseñanza de calidad,  pero, ¿sobre qué cimientos se está construyendo el imperante sistema educativo en América Latina? ¿Qué es lo que se entiende por excelencia al momento de enseñar? ¿Qué tan atrás están los países latinoamericanos en comparación a aquellos que tienen un nivel de desarrollo mayor?
Educar es por definición “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc1. Esto significa estimular el aprendizaje del alumno tanto en el área intelectual como en la ética generando un equilibrio entre las dos, lo que significa ser capaz de impartir los conocimientos abarcando diferentes dimensiones para lograr un crecimiento completo y personal. El sistema educativo rigente principalmente en Latinoamérica no satisface las variadas áreas de crecimiento para el desarrollo integral del niño y por tanto debe ser adaptado a las necesidades de una sociedad que precisa de ciudadanos-humanos y no docentes autómatas. Esto significa impartir una educación diferenciada y personalizada.
Es cierto que hoy se entrega una base de conocimientos que bien desarrollados e igualitariamente entregados garantizan en su mayoría el ingreso al mundo universitario y posteriormente laboral. Por esta razón, el recibimiento de los mismos conocimientos, iguales formas de evaluación, y el fomento del  desarrollo de las mismas aptitudes no deberían generar distinciones en los alumnos y en su posibilidad de éxito a futuro. Es en general creído que para una justa apreciación de los contenidos, los estudiantes deben estar expuestos a una misma dificultad y ritmo de aprendizaje, siendo así evaluados según escalas estandarizadas y diseñadas para asegurar el conocimiento básico de cada uno de los niños en las materias establecidas. Se habla de una igualdad educativa al todo niño, joven o docente estar expuesto a similares oportunidades al serle entregados iguales conocimientos, desarrolladas las mismas áreas y siendo evaluados bajo los mismo criterios. Los países latinoamericanos en general, aspiran al desarrollo colectivo y uniforme en temas de formación. Esto se basa en la creencia de que los resultados no serán muy distintos los unos de los otros  si se entrega una misma base de conocimientos. Para eso, mallas curriculares son establecidas determinando qué contenidos deben ser aprendidos en ciernes de una posterior carrera profesional o en pos del perfeccionamiento en áreas técnicas y laborales.
Más, ¿por qué se debe debe percibir a los alumnos como entes iguales poseedores de una única forma de integrar la información si cada niño es en sí una persona con capacidades, habilidades, intereses y limitaciones diferentes? Ante la asumpción de este aspecto, nacen modelos alternativos como lo son el Waldorf y Montessori en donde el potencial individual es fomentado y no ignorado bajo un sistema homogeneizante impuesto desde muy temprana edad. En palabras simples, no se puede evaluar a un mono y a un elefante en su habilidad para trepar un árbol. Los profesionales formados en estas comunidades educacionales establecen que el proceso de aprendizaje de un niño no está relacionado con la memorización de un contenido, ni con la obediencia, sino con la comprensión mediante la experimentación y las vivencias cotidianas. El niño es aquí un ser activo, siendo él quien va tras el aprendizaje, constantemente desarrollando su curiosidad y creatividad a diferencia de la pasividad demostrada por los alumnos tradicionales quienes no generan conocimiento, sino que sólo reciben. Un ejemplo de un país poseedor de un sistema educacional integral es Finlandia, , en dónde las evaluaciones estandarizadas son aplicadas unicamente a los estudiantes mayores de 16 años, el trabajo realizado en la casa es poco, los espacios recreativos son importantes y numerosos y la calidad de los profesores es considerada fundamental. Datos demuestran que Finlandia ocupa el primer puesto en educación primaria, así como en educación superior siendo también revelado que un 93% de los finlandeses tienen acceso a educación universitaria dado sus méritos escolares y un 83% de estos la terminan, dato que contrasta con los datos entregados por la Academia nació la de educación Argentina que demostraban que hacia el año 2009 14 de cada 100 estudiantes terminan el periodo universitario o técnico profesional.
La institucionalidad proporcionada por el sistema educativo tradicional, facilita el alcance masivo y equitativo del derecho primordial que es el recibir una formación. Los modelos educativos alternativos tienen como fundamento establecer que todos tienen iguales oportunidades, pero en realidad  encubren las diferencias de clases de una forma irreal, ya que no todos tienen iguales condiciones económicas y sociales. La modalidad convencional tiene como objetivo brindar una educación que exponga a los estudiantes a experiencias similares de aprendizaje que les permitirán en el futuro tener la misma libertad de decidir sobre su vida laboral en base a los contenidos aprendidos en la escuela.
El modelo Montessori postula que se debe preparar a los niños para la “vida real” educándoles en la toma de sus propias decisiones y la participación activa de su proceso educativo. Esto se contrapone al sistema tradicional en el cual el concepto de “educación” se basa en una visión reduccionista de la sociedad, dirigiendo la preparación del niño solamente hacia el mundo laboral dándo a entender este aspecto como un todo siendo que el trabajo es sólo uno más de los numerosos ámbitos de la vida adulta. Asimismo, las oportunidades entregadas no van en función a los intereses y por sobre todo al trasfondo cultural del niño, siendo este último un aspecto importantísimo, ya que Latinoamerica se caracteriza por ser un continente multicultural. Por ejemplo, si se expone a un niño mapuche al sistema educativo tradicional su experiencia de aprendizaje claramente no va a ser la misma a la de un niño que no pertence a un grupo étnico, ¿cómo se le puede pedir el mismo rendimiento a un niño al cual le enseñan la historia desde una perspectiva que va totalmente en contra a sus creencias? Estudios revelan que “desde la tradición histórica republicana, el curriculum escolar chileno es monocultural, centralizado y homogenizante. En este sentido, la naturaleza de la escuela es la transmisión de un patrimonio cultural único a las generaciones que viven en un país, con la intención de atenuar las diferencias y desigualdades sociales, culturales, educacionales y económicas2. Por lo anterior citado, es evidente que no tiene sentido que todos los alumnos tengan que pasar por el mismo proceso educativo siendo que su experiencia de aprendizaje va a ser para algunos positiva y para otras negativa viéndose ésta inevitablemente afectada por sus propios intereses, transfondo cultural y talentos. El resultado podría ser la creación de individuos frustados que creen que sus fallas académicas son productos de su incompetencia.
Sin embargo, el modelo convencional tiene ventajas, ya que la claridad de sus expectativas y el establecimiento de la existencia de un programa de estudio da cierta seguridad a los alumnos y a los padres de familia, quienes son concientes que están inmersos en una dinámica de exigencia y excelencia académica. El entender la educación[i] en factor a la insitucionalidad ayuda a mantener un ambiente ordenado que falicita el aprendizaje, no obstante ¿no va esa persistente búsqueda de orden y uniformalidad en contra de la naturaleza curiosa y lúdica de los niños? . “La actividad mental durante el juego es continua, el niño busca soluciones a diferentes problemas que se le plantean y aprende a razonar desarrollando su pensamiento lógico y abstracto. El juego es el recurso educativo por excelencia3. La educación tradicional fomenta un aprendizaje mecánico, memorístico y monótono que va en contra la propensión inquieta de los más pequeños. Éstos se ven obligados a competir los unos con los otros al verse expuestos a las exigencias del sistema, un sistema que no está diseñado para satisfacer las necesidades recreativas de los niños y que no orienta la formación hacia la felicidad y gozo de los infantes. Está demostrado que las personas entrenadas en el modelo convencional pueden luego sentirse incómodos en un ambiente laboral donde tengan que resolver problemas y tomar decisiones, ya que el método de enseñanza basado en la obediencia y la memorización de contenidos no los prepara para actuar según convicciones personales sino para responder a demandas establecidas por otro que está siempre por sobre de él.
Queda en evidencia entonces que el enfoque sistémico del contenido de la enseñanza está basado en principios pedagógicos como la sistematización y la lógica de la asignatura y del proceso didáctico, y comprende un sistema de conocimientos pero que en la mayoría de los casos excluye las capacidades, habilidades e intereses personales. Por esto mismo, deben ser escuchados los modelos alternativos de educación, que responden a las necesidades contemporáneas del estudiante actual. Es por tanto imprescindible a la hora de hablar de educación hacerse cargo de las diferencias culturales y centrar la enseñanza en el individuo siendo éste la base de una formación íntegra que al fin y al cabo va más allá de ámbito académico e intelectual, para que nuestros descendientes el día de mañana abarquen dentro de la frase “¿qué voy a ser cuando grande?” la concepción de un logro más trascendente que el mero éxito en el mundo laboral.




1.- Diccionario de la Real Academia de la lengua española, vigésima segunda edición, versión On-line.
2.- Estudios Pedagógicos XXXV, N° 2: 173-188, 2009, Artículo 5 “Discusión sobre los resultados”, versión On-line.
3.- “Estudios pedagógicos: El juego como actividad de enseñanza-aprendizaje” por Eduardo Crespillo Álvarez , Revista de Creación Literaria y Humanidades, edición Gibralfaro, Agosto-Octubre 2010.