En las últimas décadas, las acciones sobre la
educación equitativa, la cobertura de la instrucción y la “calidad” de la
formación a nivel global han ido en aumento reduciendo los niveles de
analfabetismo mundial considerablemente e incrementando el acceso a una
educación básica. Se ha hecho presente la creciente conciencia sobre la
importancia del ser educado y el respeto al derecho fundamental que es el
recibir enseñanza de calidad, pero,
¿sobre qué cimientos se está construyendo el imperante sistema educativo en
América Latina? ¿Qué es lo que se entiende por excelencia al momento de enseñar?
¿Qué tan atrás están los países latinoamericanos en comparación a aquellos que
tienen un nivel de desarrollo mayor?
Educar es por definición “desarrollar o perfeccionar las
facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos,
ejercicios, ejemplos, etc” 1. Esto significa estimular el aprendizaje del alumno
tanto en el área intelectual como en la ética generando un equilibrio entre las
dos, lo que significa ser capaz de impartir los conocimientos abarcando
diferentes dimensiones para lograr un crecimiento completo y personal. El
sistema educativo rigente principalmente en Latinoamérica no satisface las
variadas áreas de crecimiento para el desarrollo integral del niño y por tanto
debe ser adaptado a las necesidades de una sociedad que precisa de ciudadanos-humanos
y no docentes autómatas. Esto significa impartir una educación diferenciada y
personalizada.
Es cierto que
hoy se entrega una base de conocimientos que bien desarrollados e
igualitariamente entregados garantizan en su mayoría el ingreso al mundo
universitario y posteriormente laboral. Por esta razón, el recibimiento de los
mismos conocimientos, iguales formas de evaluación, y el fomento del desarrollo de las mismas aptitudes no deberían
generar distinciones en los alumnos y en su posibilidad de éxito a futuro. Es
en general creído que para una justa apreciación de los contenidos, los estudiantes
deben estar expuestos a una misma dificultad y ritmo de aprendizaje, siendo así
evaluados según escalas estandarizadas y diseñadas para asegurar el
conocimiento básico de cada uno de los niños en las materias establecidas. Se habla
de una igualdad educativa al todo niño, joven o docente estar expuesto a
similares oportunidades al serle entregados iguales conocimientos, desarrolladas
las mismas áreas y siendo evaluados bajo los mismo criterios. Los países
latinoamericanos en general, aspiran al desarrollo colectivo y uniforme en
temas de formación. Esto se basa en la creencia de que los resultados no serán
muy distintos los unos de los otros si
se entrega una misma base de conocimientos. Para eso, mallas curriculares son
establecidas determinando qué contenidos deben ser aprendidos en ciernes de una
posterior carrera profesional o en pos del perfeccionamiento en áreas técnicas
y laborales.
Más, ¿por qué
se debe debe percibir a los alumnos como entes iguales poseedores de una única
forma de integrar la información si cada niño es en sí una persona con
capacidades, habilidades, intereses y limitaciones diferentes? Ante la
asumpción de este aspecto, nacen modelos alternativos como lo son el Waldorf y
Montessori en donde el potencial individual es fomentado y no ignorado bajo un
sistema homogeneizante impuesto desde muy temprana edad. En palabras simples,
no se puede evaluar a un mono y a un elefante en su habilidad para trepar un
árbol. Los profesionales formados en estas comunidades educacionales establecen
que el proceso de aprendizaje de un niño no está relacionado con la memorización
de un contenido, ni con la obediencia, sino con la comprensión mediante la
experimentación y las vivencias cotidianas. El niño es aquí un ser activo,
siendo él quien va tras el aprendizaje, constantemente desarrollando su
curiosidad y creatividad a diferencia de la pasividad demostrada por los
alumnos tradicionales quienes no generan conocimiento, sino que sólo reciben. Un
ejemplo de un país poseedor de un sistema educacional integral es Finlandia, ,
en dónde las evaluaciones estandarizadas son aplicadas unicamente a los
estudiantes mayores de 16 años, el trabajo realizado en la casa es poco, los
espacios recreativos son importantes y numerosos y la calidad de los profesores
es considerada fundamental. Datos demuestran que Finlandia ocupa el
primer puesto en educación primaria, así como en educación superior siendo
también revelado que un 93% de los finlandeses tienen acceso a educación
universitaria dado sus méritos escolares y un 83% de estos la terminan, dato
que contrasta con los datos entregados por la Academia nació la de educación
Argentina que demostraban que hacia el año 2009 14 de cada 100 estudiantes
terminan el periodo universitario o técnico profesional.
La institucionalidad
proporcionada por el sistema educativo tradicional, facilita el alcance masivo
y equitativo del derecho primordial que es el recibir una formación. Los
modelos educativos alternativos tienen como fundamento establecer que todos
tienen iguales oportunidades, pero en realidad
encubren las diferencias de clases de una forma irreal, ya que no todos
tienen iguales condiciones económicas y sociales. La modalidad convencional
tiene como objetivo brindar una educación que exponga a los estudiantes a
experiencias similares de aprendizaje que les permitirán en el futuro tener la
misma libertad de decidir sobre su vida laboral en base a los contenidos
aprendidos en la escuela.
El modelo
Montessori postula que se debe preparar a los niños para la “vida real”
educándoles en la toma de sus propias decisiones y la participación activa de
su proceso educativo. Esto se contrapone al sistema tradicional en el cual el
concepto de “educación” se basa en una visión reduccionista de la sociedad, dirigiendo
la preparación del niño solamente hacia el mundo laboral dándo a entender este
aspecto como un todo siendo que el trabajo es sólo uno más de los numerosos
ámbitos de la vida adulta. Asimismo, las oportunidades entregadas no van en
función a los intereses y por sobre todo al trasfondo cultural del niño, siendo
este último un aspecto importantísimo, ya que Latinoamerica se caracteriza por
ser un continente multicultural. Por ejemplo, si se expone a un niño mapuche al
sistema educativo tradicional su experiencia de aprendizaje claramente no va a
ser la misma a la de un niño que no pertence a un grupo étnico, ¿cómo se le
puede pedir el mismo rendimiento a un niño al cual le enseñan la historia desde
una perspectiva que va totalmente en contra a sus creencias? Estudios revelan
que “desde la tradición histórica
republicana, el curriculum escolar chileno es monocultural, centralizado y
homogenizante. En este sentido, la naturaleza de la escuela es la transmisión
de un patrimonio cultural único a las generaciones que viven en un país, con la
intención de atenuar las diferencias y desigualdades sociales, culturales,
educacionales y económicas”2. Por lo anterior citado, es
evidente que no tiene sentido que todos los alumnos tengan que pasar por el
mismo proceso educativo siendo que su experiencia de aprendizaje va a ser para
algunos positiva y para otras negativa viéndose ésta inevitablemente afectada por
sus propios intereses, transfondo cultural y talentos. El resultado podría ser
la creación de individuos frustados que creen que sus fallas académicas son
productos de su incompetencia.
Sin embargo,
el modelo convencional tiene ventajas, ya que la claridad de sus expectativas y
el establecimiento de la existencia de un programa de estudio da cierta
seguridad a los alumnos y a los padres de familia, quienes son concientes que
están inmersos en una dinámica de exigencia y excelencia académica. El entender
la educación[i] en
factor a la insitucionalidad ayuda a mantener un ambiente ordenado que falicita
el aprendizaje, no obstante ¿no va esa persistente búsqueda de orden y
uniformalidad en contra de la naturaleza curiosa y lúdica de los niños? . “La actividad mental durante el juego es
continua, el niño busca soluciones a diferentes problemas que se le plantean y
aprende a razonar desarrollando su pensamiento lógico y abstracto. El juego es
el recurso educativo por excelencia”3. La educación tradicional fomenta
un aprendizaje mecánico, memorístico y monótono que va en contra la propensión
inquieta de los más pequeños. Éstos se ven obligados a competir los unos con
los otros al verse expuestos a las exigencias del sistema, un sistema que no
está diseñado para satisfacer las necesidades recreativas de los niños y que no
orienta la formación hacia la felicidad y gozo de los infantes. Está
demostrado que las personas entrenadas en el modelo convencional pueden luego
sentirse incómodos en un ambiente laboral donde tengan que resolver problemas y
tomar decisiones, ya que el método de enseñanza basado en la obediencia y la
memorización de contenidos no los prepara para actuar según convicciones
personales sino para responder a demandas establecidas por otro que está siempre
por sobre de él.
Queda en
evidencia entonces que el enfoque sistémico del contenido de la enseñanza está
basado en principios pedagógicos como la sistematización y la lógica de la
asignatura y del proceso didáctico, y comprende un sistema de conocimientos
pero que en la mayoría de los casos excluye las capacidades, habilidades e
intereses personales. Por esto mismo, deben ser escuchados los modelos
alternativos de educación, que responden a las necesidades contemporáneas del
estudiante actual. Es por tanto imprescindible a la hora de hablar de educación
hacerse cargo de las diferencias culturales y centrar la enseñanza en el
individuo siendo éste la base de una formación íntegra que al fin y al cabo va
más allá de ámbito académico e intelectual, para que nuestros descendientes el
día de mañana abarquen dentro de la frase “¿qué voy a ser cuando grande?” la
concepción de un logro más trascendente que el mero éxito en el mundo laboral.
1.- Diccionario de la Real Academia de
la lengua española, vigésima segunda edición, versión On-line.
2.-
Estudios Pedagógicos XXXV, N° 2: 173-188, 2009, Artículo 5 “Discusión sobre los
resultados”, versión On-line.
3.-
“Estudios pedagógicos: El juego como actividad de enseñanza-aprendizaje” por
Eduardo Crespillo Álvarez , Revista de Creación Literaria y Humanidades,
edición Gibralfaro, Agosto-Octubre 2010.