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miércoles, 19 de diciembre de 2012

De Vuelta

Muchas veces siento dentro de mí, esa necesidad casi obsesiva por escribir. Escribir lo que veo, lo que me contaron, mis pensamientos, mis proyecciones. Escribir sobre mis sueños, mis adicciones y mis más íntimos secretos. Escribir... Simplemente escribir.
Hoy, es uno de esos días.
Me siento en frente de la pantalla con oraciones y palabras mezcladas dando vuelta en mi cabeza, se empujan, se esconden y no se deciden, más todas y cada una de ellas quiere salir.
Hoy es un día gris en Santiago de Chile, pareciese que el clima acompaña mi ánimo y éste a su vez acompaña mis panoramas. Es un día de quedarse en la casa, no cambiarse de ropa, ver películas y comer. Ojalá fuese así de fácil la verdad, la parte de comer no es tan simple, tengo una relación algo tensa con la comida... Y sus tan odiadas calorías.
¿No dije que escribía sobre mis obsesiones y secretos? Pues bien, creo que todo eso de la alimentación se me está yendo de las manos. Estoy algo trastornada, 24/7 pensando en calorías, saltando comidas, y midiendo mi peso en la balanza. La culpa, los atracones, el encerrarse en el baño a verse en el espejo ya son parte de mi día a día. Siento que esto me está ganando, pero es que tengo terror de ganar peso, amo ver como ese número en la pesa va disminuyendo, a pesar de que no ha cambiado mucho en las últimas 3 semanas.
Tengo miedo. Miedo de no ser capaz de parar una vez alcanzado el objetivo establecido.
Escucho la lluvia caer en el techo, las gotitas golpeando suavemente. Me adormece. Siento mi estómago lleno y me siento culpable, tuvo un atracón y no fui capaz de vomitarlo. Me odio por eso. Y por mucho más la verdad.

domingo, 22 de abril de 2012

Corro, corremos, corramos

Siempre pensé que la solución era correr. 
Correr rápido o correr lento. Correr en la mañana o correr en la noche. Correr despierta o correr dormida. Siempre correr, a dónde sea… Correr. 
Siempre creí que se podía correr de todo. 
Correr de mis miedos y mis angustias. Correr de mis padres y mis obligaciones. Correr de mis penas y mi oscuridad. Correr de cualquier cosa… Correr.
Y hoy entiendo que hay algo de lo que no puedo correr, ni a lo que puedo correr. ¿Cómo corro de mi misma? ¿Cómo corro hacia mí? Siempre estoy aquí aún sin querer estarlo, y siempre estoy allá sin siquiera desearlo. Quiero correr, correr, correr. No puedo correr. No puedo correr.
Pensamientos vienen y van, recuerdos, la imagen del espejo me persigue. ¿Por qué no puedo correr, por qué? La decisión divaga por mi mente y poco a poco se hace sólida: Quiero correr. Nadie responde, nadie escucha. ¿Quién recibe las decisiones? Al parecer no soy yo. Qué lógica tiene señores y señoras, qué lógica tiene. Y es que al estar corriendo no hago más que correr en círculos, por qué de lo que corro es a la vez la meta y la meta es a la vez de lo que escapo. Y ¿Cuál es el sentido de correr entonces, si no avanzar? Pues yo no avanzo ni retrocedo, sólo giro y giro. Corro y corro. 
Es confuso y a la vez claro, es reconfortante y a la vez aterrador. No quiero verme no quiero oírme. No quiero conocer, no quiero sentir. Corre, por favor, corre. Corre por favor, corre. Lo escucho y no lo entiendo. Lo veo, pero no lo miro. 
Me detengo, ¿O es que el mundo ha parado de dar vueltas? y observo. Caigo en la cuenta de que la pista es redonda. De que no estoy avanzando. Frustración, rabia, desconsuelo. Mi instinto es correr, pero no puedo, la pista va en círculos. ¡No se qué hacer con el dolor! Siempre he corrido de él. He corrido pero sin escapar, he corrido pero sin avanzar. No he corrido. Nunca he corrido. ¿Y qué he hecho sino? 
Y quién diría que al estar corriendo no corro y que al detenerme si lo hago, porque avanzo al sufrir, y al sufrir yo avanzo. Es el dolor el que corre y yo soy el que espera. Pasa, pasa, pasa, y ha pasado. Ha pasado y ha corrido. He avanzado sin correr. Y corrido sin avanzar. 
Por que correr es la solución. Hay que saber cómo correr.